Padrinos en Tokyo es la obra atípica de Satoshi Kon. Los Haikus (poesía japonesa) presentes en el film sirven de inspiración para escribir este análisis.

“Nosotros somos simples indigentes, no héroes de película de acción.” —Gin.

Si la vida es un asalto a la belleza, entonces la belleza es como Dios: está en todos lados y nosotros debemos ser sus ladrones y sus fieles devotos. Toca sensibilizar el ojo del corazón para aprender a mirarla. Lo que otorga a una persona corriente la categoría de artista es ese sencillo milagro; el que ese ojo, con que mira esa belleza, es más agudo. Milagro que trae consigo la deleitable y terrible responsabilidad humana de comunicar eso tan especial que ve. Ningún artista crea para sí mismo, todos necesitamos expresarnos. Afortunado es aquel que puede hacerlo mediante un arte en particular.

Lo que otorga a una persona la categoría de artista es el milagro de ese ojo más agudo. necesito twittearlo

Pero ya va, mejor volvamos a la belleza juntándola con Japón. Más exclusivamente, con las películas animadas. Mucho más exclusivamente, con una película en particular que vi hace algunos meses y que me ha dejado grandes esperanzas sobre el mundo y el género humano: Padrinos en Tokyo (2003).

Satoshi Kon

Hablemos primero del hombre y luego de la creación. El realizador de esta película fue el director, animador, guionista y mangaka japonés Satoshi Kon (1963-2010). Este profesional de la casa productora Madhouse, tiene varias obras cinematográficas en su haber. Entre ellas: ‘Perfect Blue’ (1997), de la cual varios críticos afirman que parte la trama del film “El Cisne Negro” de Darren Aronofsky (otros más duros dicen que es una simple imitación, más o menos exitosa); ‘Millenium Actress’ (2001); ‘Paprika’ (2006), de la que los críticos sugieren también que es el punto de partida del film “Inception” de Christopher Nolan; y por último, el film inconcluso ‘Dream Machine’.

Para la televisión, Kon dirigió la serie animada ‘Paranoia Agent’. Escribió también los mangas ‘Campanilla de Navidad’ (1987), ‘Regreso al Mar’ (1990) y ‘Seraphin’ (1995). Los demás datos biográficos se encargaran ustedes de buscarlos donde quieran. Eso, si logro hacer que se interesen por este autor y más exactamente por la película de la que quiero hablarles.

Padrinos en Tokyo, una historia clásica y atípica de Kon

Ahora bien, Padrinos en Tokyo, es una de las historias más redondas que posee la filmografía de Kon. De sus filmes, solo me falta por ver Millenium Actres. Pero los otros ya citados van más por la disgregación y experimentación que ofrece lo surrealista y onírico; recurren a lo complejo y psicológico, más que por lo clásico.

En términos de McKee, puede afirmarse que esta película posee una arquitrama clásica, casi quirúrgicamente configurada. Durante la noche de navidad, con un frío inclemente, un trío singular de mendigos consigue en un basurero a una bebé recién nacida a la que llaman Kiyoko (que significa “puro” o “pura” en japonés). Deciden buscar a sus padres para devolverla y reclamar el abandono. Este grupo de mendigos está conformado por Gin, un borracho de unos cincuenta años que lo perdió todo; Hana, un homosexual, travesti de la misma edad, huérfano y sin hogar, que además, es un inspirado de los haikus (tipo de poesía japonesa); y Miyuki, una chica que se escapó de casa y que no desea saber nada de sus padres.

Como varios afirman, Padrino en Tokyo se sale del esquema de Kon, de su espectro de temas y argucias. Lo onírico no está; lo surrealista, detectivesco, intelectualista y psicótico, tampoco. Esta película es la obra rara dentro de su patrón como autor, la creación atípica que todo artista debe permitirse.

Padrinos en Tokyo se sale del esquema de Satoshi Kon. La obra rara dentro de su patrón. voy a twittearlo

Con una gran carga simbólica relacionada directamente con el cristianismo, es necesario un par de visionados atentos para detectar cierta afinidad con los ángeles, figura que aparece reincidentemente en el film de distintas maneras. Además de que los personajes muestran claramente en varias ocasiones su devoción por Dios.

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El Haiku, lo que se tiene que decir y lo que se debe callar

Por otro lado, es acuciante resaltar cómo Satoshi logra en este film una conjunción entre la poesía como vehículo de la imagen significante y la poesía verbal mediante los diálogos mismos. Digo rencuentro en el título de esta reseña, porque tenía un par de años sin acercarme al Haiku, en sí sin acercarme a la poesía japonesa. A continuación, unos destellos de Kon y su amor por la literatura. Camino a casa, luego de descubrir a la niña, Hana se lanza este primer Haiku:

Una linda bebé
Con nieve sobre sus mejillas
Es una noche de paz.

Si atendemos a la circunstancia de tres mendigos que viven en la miseria y que se sienten perfectamente solos; no es tan difícil conmoverse con el milagro de una niña como destello de felicidad y luz en sus vidas grises y oscuras.

Luego de haber pasado por varias travesías y rencontrarse con su pasado y con su madre, la misma Hana, dice:

Mi madre tiembla
Al verme partir
A un largo viaje.

Créanme, que cada vez que leo y veo este Haiku se me arruga el corazón. Me aborda el recuerdo personal que tiene a mi propia madre despidiéndome en la puerta de la casa antes de mi primer viaje a Mérida, cuando me vine a estudiar. Ese es uno de los varios momentos de la película que más me tocan. Y el último Haiku de Hana, que es casi finalizando el film:

En fin de año
Una inocente
Ha sido salvada.

Una recomendación genuina

Para los que no conozcan de la forma poética del Haiku, les recomiendo con genuino interés que se acerquen a ella. Concibe en sí misma el decir con brevedad, concisión y pureza lo que se tiene que decir y lo que se debe callar. En varios de los diálogos escuchamos a Gin decir que “el destino trabaja de forma extraña”. Así mismo, a la misma Hana comentar que “lo mejor para cualquier persona es estar con su familia”.

El haiku concibe con brevedad, concisión y pureza lo que se tiene que decir y callar. ¡compártelo con tus amigos!

De mensajes como estos está lleno Padrinos en Tokyo. Modesto en su afán estilístico o formal; sencillo en sus premisas; y humilde en sus ambiciones intelectuales. Por ello mismo, sabio, muy sabio. Si te acercas bien, con los ojos bien abiertos a esta película, te podrás salvar de muchas cosas, pero no de que un chispazo casi angelical de esperanza roce tu corazón.

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