The Revenant supone la consagración de cuatro hombres que han rozado lo magistral y una pieza de colección para disfrutar de cómo se debe realizar cine.

Hablar de Alejandro González Iñárritu y Emmanuel Lubezki es sinónimo de una de las más grandes duplas de director y director de fotografía de la historia del cine. Por un lado, Iñárritu demuestra a la vieja usanza lo que significa centrar la totalidad de la atención —no sólo del guión, sino también del público— en un personaje que ejerce de eje central en la obra audiovisual (Michael Keaton en Birdman, 2014); además de conferirle de un poder de actuación como pocos saben agregarle.

En la acera del frente me refiero a Lubezki: tenemos a un director silencioso —en palabras de él mismo—. Un genio visual como pocos, que ha sabido subir por sí solo al olimpo del cine, a una técnica sin demasiado uso (si se quiere) hasta nuestros tiempos. Es el denominado plano secuencia, llevado por Lubezki a límites insospechados, rozando el extremo en su aplicación. Tal es su genio, que diseñando dos films, similares en cuanto a realización se refiere (Birdman y The Revenant, el film que analizo en esta ocasión), ha sabido ejecutar obras maestras de las cuales aprender en un análisis profundo y sistemático.

The Revenant (El Renacido)

El laureado The Revenant

Como sabrán, ambas producciones han sido premiadas en lo más alto del cine en sus distintas ramas, específicamente en las categorías como mejor director y mejor director de fotografía. Ahora bien, con The Ravenant (“El Renacido”, en países de habla hispana), estamos ante la consagración inmediata de estos dos cineastas, que pueden acaparar facilmente los focos de esta producción, de no ser por dos actores de lujo. Pues, Leonardo DiCaprio y Tom Hardy se roban los flashes, además del tan ansiado Oscar a Mejor Actor, obtenido por éste último, llevado al punto de la obsesión en febrero de 2016 (y vaya que fue un alarde mundial).

Lubezki, DiCaprio e Iñárritu en los Oscar

La historia que narra este portentoso largometraje es la de un gran grupo de comercializadores de Luisiana, liderados por el capitán Andrew Henry (Domhnall Gleeson). Este grupo sufre una emboscada por un grupo de indios sioux, que sienten que estos tramperos han invadido y ultrajado completamente sus tierras. Los sioux roban toda la mercancía de los viajeros e inician un encarnizado combate. Luego de esta desastrosa expedición, el grupo decide dar marcha atrás y volver sobre sus pasos. Por ello y debido a sus conocimientos del terreno, ponen bajo los hombros de Hugh Glass (Leonardo DiCaprio) la difícil misión de llevar a los suyos a ruta segura.

SPOILER ALERT: Cumplimos con advertir de la presencia de spoilers en el texto. Si no has visto el filme, puedes seguir leyendo la reseña SIN DESPLEGAR el spoiler.

Desplegar spoiler

FIN DEL SPOILER ALERT: A partir de este punto, puedes seguir leyendo con confianza.

Lo planteado anteriormente nos demuestra una historia y más específicamente un guión simple, más que correcto y directo (obra de Mark L. Smith e Iñárritu). No nos hace perder el tiempo en giros y vuelcos que declinen el hilo principal de la historia. Al contrario, nos mantiene pegados al sillón deseando saber en qué culminará la odisea de Glass.

DiCaprio y Hardy; The Revenant

Un reparto de lujo…

En este punto es momento de hablar acerca de la actuación de este interesante reparto. Y es que el trabajo en The Revenant es una clara señal de la madurez y consagración actoral de Leonardo Di Caprio y Tom Hardy. Ambos, además de exigirse al máximo físicamente para el papel y un rodaje plagado de obstáculos, interpretan a cabalidad la lucha entre dos hombres que se odian con la más profunda de las energías y que creen con vehemencia en dos maneras de ver el mundo. Glass, representando a un hombre que cree en el bien y en la realización por cuenta propia de una manera silenciosa; y Fitzgerald, un hombre tramposo y sin escrúpulos a quien no le tiembla el pulso al momento de intentar asesinarlo frente a su propio hijo.

Al más puro estilo Western (si cabe el término dentro del género de este film) juegan al gato y al ratón, a partir del regreso de Fitzgerald a la comarca. Esto da como resultado un enfrentamiento digno del recuerdo —de aquellos que se tatúan en nuestra mente por años— por la sencillez a la que se apega un combate de este tipo, sin generar más de lo que se debe. Es este un punto fuerte de esta obra, la realidad representada sin miramientos y tal cual es. No son superhombres, pero vaya que son guerreros por naturaleza propia.

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Ataque de oso a DiCaprio

Definitivamente, un año fantástico para ambos: Di Caprio ganador del Oscar y Globo de Oro a mejor actor; Tom nominado en la misma categoría por Mad Max: Fury Road (2015). Un caso curioso de actores nominados en una categoría similar pero por films distintos, lo que habla de la versatilidad y calidad actoral de cada uno de ellos.

…pero con una nota negativa

Pero como no todo lo que brilla es oro, hay que resaltar una nota negativa que viene casi exclusivamente en los papeles secundarios, interpretados por Forrest Goodluck (Hawk), Will Poulter (Jim Bridger) y Domhnall Henry (Andrew Henry) respectivamente. Curiosamente, a los tres actores mencionados se les observa timoratos y con falta de punch para terminar de convencernos y atraparnos en sus interpretaciones. Por un lado, Domhnall Henry no personifica a un líder de las características que requiere el papel; de hecho, en ocasiones Tom Hardy parece sobrepasar y restarle valor por la fuerza a la manera blanda de personificar de Henry. Por otra parte, a los jóvenes Will Poulter y Forrest Goodluck les pasó factura su poca experiencia cinematográfica y nos dejan una floja escenificación que podría haber dado mucho de qué hablar, si hubiesen estado a la altura.

Lo visual y lo sonoro

Otro punto fuerte del film es el apartado visual y sonoro, y vamos separando por partes. En el aspecto visual los cerebros son Iñárritu y Lubezki, quienes con un diseño de producción magistral crean una combinación poderosa de locaciones y colores que nos mete de lleno en la piel de aquellos quienes protagonizan este largometraje. Es bien sabida la técnica de color usada por Lubezki, donde decidió usar luz natural en vez de la artificial, teniendo que rodar las escenas antes del amanecer para darnos esa sensación de completa cercanía e intimidad con respecto a algunas situaciones particulares.

Iñárritu y Leonardo DiCaprio

Por su parte, Iñárritui como padre de esta obra, tiene una gran tajada en el pastel y demuestra que no fue casualidad su estatuilla al mejor director por Birdman un año atrás. Un director que saca lo mejor de cada actor, dominando una gran técnica actoral de la que él es devoto y con la que estudió al momento de mudarse a Los Ángeles a probar suerte en Hollywood: la técnica de Judith Weston.

Para los cinéfilos o cineastas, este film es una clase de la que hay que aprender y mucho por la calidad en cada apartado. Director y director de fotografía se unen nuevamente para explotar al plano secuencia (Gravity, 2013; Birdman, 2014; y recientemente The Revenant). Además de mantener nuestra concentración en pantalla en cada instante, sin descuidar la calidad técnica, que tanto se ha perdido en estos tiempos dominados por films vacíos y con falta de originalidad.

Lubezki en The Revenant

En el aspecto sonoro es de destacar lo hecho por Ryuichi Sakamoto y Alva Noto, que se han combinado para estar a la altura de lo visual. Este par nos entrega melodías y elementos sonoros maravillosos que, en varias ocasiones de esta película, nos hacen conectar más con el sonido que con la mirada.

“Una pieza de colección”

Como ya lo he manifestado, The Revenant supone la consagración de cuatro hombres que han rozado lo magistral en sus respetivos apartados. Una cinta que ha sabido innovar y volcar la manera de realizar cine hacia un costado nunca explorado por directores, guionistas y actores. A pesar de su duración (2 horas y 36 minutos), esta película no se vuelve una laguna predecible, ni deja indiferente a ningún espectador sin experiencia ni cinéfilo aplicado. Tal es su nivel, que es halagada en varias ocasiones por su gran puesta en escena que hace de ella —quizá— el mejor film del último lustro. Una dirección soberbia y una actuación destacable hacen de este largometraje una pieza de colección, con la cual disfrutar de primera mano el cómo se debe realizar cine.

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