Lemony Snicket me advirtió de no ver ‘Una Serie de Eventos Desafortunados’. Aún así, lo hice. Debo escribir esta reseña; pero tú no tienes por qué leerla.

Un gato negro. Un espejo roto. Pasar debajo de una escalera. El número 13. Las personas buscamos cualquier excusa a la cual poder echar culpa de nuestras desdichas. Pero lo cierto es que, sin buscarlas, la mala suerte suele aparecer caprichosamente. “Caprichosamente” aquí significa “sin motivo aparente y, a veces, de manera absurda”. Tal como les sucedió a los hermanos Baudelaire a raíz de la muerte de sus padres en un incendio, no tan caprichoso. Pero quienes sí tentaron a la mala suerte fueron los ejecutivos de Netflix, al aprovechar un viernes 13 para el estreno de la primera temporada de su serie: Una Serie de Eventos Desafortunados.

Así pues, el gigante puso a disponibilidad en su plataforma los 8 episodios que conforman la primera temporada de la serie para televisión. Basada en la serie literaria homónima escrita por Daniel Handler bajo el seudónimo de Lemony Snicket; adaptada al cine en 2004 por Nickelodeon y coprotagonizada por Jim Carrey como el Conde Olaf.

A Series of Unfortunate Events (su título en inglés), narra las catastróficas desdichas de los hermanos Baudelaire tras la muerte de sus padres. Violet, Klaus y Sunny son puestos al cuidado de su pariente “más cercano”, un malvado y pésimo actor teatral conocido como Conde Olaf. A partir de entonces, los niños deben sortear los males que se suceden uno tras otro. Y en cada estación, aparece el Conde Olaf con un nuevo engaño para apoderarse de la fortuna de sus padres.

Una adaptación que sale bien parada

Bueno. Hablamos de una serie de libros, sobre una serie de eventos desafortunados. Parece lógico que un formato idóneo para adaptarlo sea una serie de televisión. Y Netflix demostró que es así. Con una estructura de ocho episodios, cada par de ellos desarrolla el argumento de uno de los primeros cuatro libros. Cada tanto acudimos a nuevas aventuras y desventuras.

La tensión se mantiene, el misterio se intensifica, y el drama crece a lo largo de la temporada. Y aunque Lemony Snicket nos advierte desde el principio que no habrá un final feliz, lo esperamos. Los acontecimientos nos ilusionan con un aparente rayo de luz al final del tunel de la vida de los Baudelaire. Pero no hay luz. Ni siquiera hay final del tunel al terminar de la temporada. Solo desdicha “suavizada” con una satírica melodía.

Y aunque hay algo que no termina de convencer en la fórmula de Netflix, resulta de los riesgos inevitables a la hora de adaptar una obra como esta. Un proceso cíclico que inicia, termina y vuelve a iniciar; una y otra vez. El filme de 2004 logró muy buenos resultados en ese aspecto, a pesar de la poca recepción de la crítica. Pues, se centró únicamente en los primeros tres libros y, a pesar de los intentos, nunca hubo una secuela. Tal vez fue mejor así, ya que una secuela habría podido ser muy repetitiva.

El tono Snicket

No podría ser de otra manera. La esencia de Una Serie de Eventos Desafortunados está en su tono irónico de narrar la historia de los Baudelaire. Aderezado con incisiones aparentemente desconectadas del tema central, pero que complementan las ideas. Lemony Snicket es un gran cínico que carga en hombros un gran dolor amoroso. Por ello se muestra notablemente averso a la desdicha de los niños Baudelaire; ruega constantemente al espectador que aparte su mirada de la historia que él tiene el “penoso deber” de contar. Juega acertadamente a la psicología inversa y mordacidad.

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Por otro lado, la historia es contada con hilarante humor negro. Tiene una mezcla hermosa de crudeza e inocencia que la hace apta para todo público. “Todo público” aquí significa que pueden verla niños, jóvenes y adultos, y sentir que está contada especialmente para ellos y en su lenguaje.

Aunque Daniel Handler manifestó no tener la intención de contar una moraleja para sus historias, implícitamente existe. Cada etapa de la vida de los Baudelaire nos habla de la soledad, la osadía, la cobardía o la injusticia. Siempre hay una sutil enseñanza, que no subestima la capacidad de reflexión del espectador.

Interpretaciones impecables

Lo que se pueda decir acá del recurso interpretativo de la producción de Netflix, simplemente quedará corto. Nada que ver con el mediocre (y bizarre) grupo de teatro del Conde Olaf. El nivel actoral de Una Serie de Eventos Desafortunados está a la altura de los personajes de sus obras predecesoras.

Neil Patrick Harris como el Conde Olaf, no tiene nada que envidiarle al genio de Jim Carrey. Sin duda, lo mejor a nivel actoral de la serie. Un gran actor interpretando a un pésimo actor en papeles tan absurdos como divertidos. Todo un reto que Patrick supera con creces.

Pero todas las flores no son para el villano de la historia. Los protagonistas, los hermanos Baudelaire, quienes sufren todas las desdichas y maldades de Olaf, también rebasan su papel. El parecido de los actores infantiles de la serie, en comparación con los de la película, no pasó desapercibido. En especial, Malina Weissman (Violet), cuya belleza y semblante perspicaz deslumbra y convence de su personaje; además de Louis Hynes (Klaus) y hasta la adorable Presley Smith (Sunny), quienes se ganan nuestra simpatía de inmediato. Sufrimos con ellos en cada episodio. Sufrimos con ellos hasta el final.

Inclusive, la plantilla de actores de reparto de Una Serie de Eventos Desafortunados es de lujo. En particular, brillan en pantalla actores como Todd Freeman (Sr. Poe), Joan Cusack (Jueza Strauss), Aasif Mandvi (Tío Monty) y Alfre Woodard (Tía Josephine).

Y cómo olvidarnos de Patrick Warburton como Lemony Snicket. Un personaje nada sencillo de interpretar. En parte, por ser primera vez que lo vemos en pantalla y ser, algo así, como un superprotagonista. Un narrador omnisciente que irrumpe en escena y solo nosotros, como espectadores, vemos. Su mohína interpretación encaja perfectamente con sus lúgubres relatos en primera persona.

Otros puntos a favor de ‘Una Serie de Eventos Desafortunados’

Además de los factores ya mencionados, la serie de Netflix cuenta con una estética admirable, que acentúa la miseria en la vida de los Baudelaire. Una fotografía igualmente acertada donde predominan los tonos frios, proporcionales a las desdichas y panoramas pesimistas. Composiciones prudentes, que aquí significa que no transgreden a antojo las convenciones tradicionales.

Si me preguntas si debes ver Una Serie de Eventos Desafortunados, te diré que sí. O al menos, dale la oportunidad al primer episodio. Lemony Snicket se encargará de advertirte adecuadamente de las molestias que puede causarte. Si aún así decides seguir adelante; si disfrutas de la desgracia ajena o si eres de corazón duro como piedra, no lo dudes. Debes ver esta nueva serie de Netflix que, a pocos días de su estreno, ya está siendo un éxito; además, una segunda temporada es muy probable que esté en camino.

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