El Dolby Theatre de Los Ángeles fue testigo de quizá la gala más vergonzosa de la historia de los premios Oscar. Muchos alicientes se aglutinaron para esto.

En el momento en que Warren Beatty concedió, presa del pánico, el testigo a Faye Dunaway para anunciar el galardón a mejor película la noche del 26 de febrero, se había consumado la guindilla del pastel a una edición que pasará a la historia como aquella del fallo garrafal en el anuncio del premio más importante de la noche. Pero no tiremos el peso sobre ellos, pues a final de cuentas, ambos no sabían el resultado hasta abierto el sobre.

En una alfombra roja de lo más apática que se ha podido observar en años; todo el imperio de Hollywood se dejaba caer inocente, seguros de que sería otro día para el bello recuerdo. Sin embargo, esta entrega fue, ante todas las cosas, descortés e insolente. Primeramente, para con los que se daban cita en el esplendoroso recinto.

Un payaso de circo llamado Jimmy Kimmel fue el elegido para presentar el espectáculo tratar de agraciar con su actitud jocosa. Pero se empeñó la velada entera a soltar a diestra y siniestra comentarios extravagantes y fuera de lugar. Esto ante los nominados, público presente y millones de televidentes desde sus hogares. En especial, ensañándose con Matt Damon para luego irrespetar a Meryl Streep. Igualmente, de manera repetitiva, perpetrando acciones tontas para tocar a las masas y bailar su propio tango; enorme fallo debido a su poca capacidad de generar simpatía, sentenciando así futuros llamados a presentarlos nuevamente. Extrañamos a Billy Cristal profundamente.

A propósito, algo semejante ocurrió con el ambiente de estos Oscars; parecía que nos hallábamos en los Globos de Oro. Sí, este tipo de espectáculos era digno de los últimos aludidos, y de seguro muchos compartirán mi veredicto. La premiación de los globos dorados dejó regado sobradamente al de su contraparte moralmente seria. Sin duda un irrespeto a tantas figuras de gloria que han desfilado por los premios de la academia.

Por su parte, la noche transcurría entre los rostros relucientes de los vencedores y las largas de aquellos que perdieron (algunos injustamente). Hasta llegar al fallo más grande y bochornoso de la historia de la mejor premiación a la cinematografía. Nadie esperaba lo ocurrido (incluyéndome). Y cuando parecía que nada más fuera de lugar podría ocurrirle a una malograda edición llega el suceso que todos conocemos. Sí lectores, sí se podía caer más bajo, sí se podía tropezar aún más.

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El peor traspié de los Oscars 2017

Un error claramente atribuido a Martha Ruiz y Brian Cullinan, empleados de PriceWaterhouseCoopers; empresa encargada de la producción y entrega de los sobres que contienen a los ganadores del festejo hollywoodense. Culpables o no, como señalé anteriormente, permanecerá para la memoria siendo el peor traspié jamás cometido en este; que se presume debiera ser un espectáculo rico en calidad y cordialidad. Y ¿por qué no? También en la más infame entrega de los premios de la academia.

¿Dónde quedó la formalidad, la elegancia y el esplendor que tanto definía a estos premios? Por el bien de la industria, esperamos que haya sido sólo un mal episodio en su haber. Qué jamás se convierta en costumbre el arruinar, para gracia de algunos ignorantes, al único premio que cuenta con el respaldo mundial de millones de seguidores, cinéfilos o no.