Con el nuevo milenio, la virtud visual cinematográfica se ha evaporado progresivamente. En este artículo me dedico a profundizar en este tema.

Primero que nada, pido disculpas amigos lectores de MacGuffin Lab. por la ausencia de dos semanas en la publicación de mis reseñas cinematográficas. Pues, me encuentro en el rodaje mi cortometraje, Operación Cristal. En esta oportunidad, mi artículo más reciente profundiza acerca del aspecto visual del cine y la merma de su calidad.

¿Cuántos films has observado en tu vida? ¿Treinta, cincuenta o más de cien? Te propongo un ejercicio mental que sirve para darse cuenta de cierto aspecto que ha sido echado a un costado, como juguete viejo. De la cantidad total de películas que hayas observado en tu corta o larga vida; sepáralas entre las estrenadas a partir de la década del 2000 y las que se hallan en el siglo anterior. Hecho esto, voy al grano.

Independientemente de tu cultura cinematográfica, notarás que en metrajes desde finales de los años 90 hasta la actualidad; se percibe un desorden (a veces caótico) en algunos apartados de la visual cinematográfica, tales como planos, angulaciones y, concretamente, en el montaje de los mismos. ¿La razón? La malversación de las técnicas audiovisuales que, con tanto ahínco, se observaban en producciones de grandes realizadores. Kubrick, Hitchcock, Coppola, David Fincher y Tarantino, por citar sólo algunos ejemplos que copan mi cerebro.

Desde finales de los 90's se percibe un desorden en la visual cinematográfica. debo twittearlo ahora

El primer gran referente de la virtuosa visual cinematográfica

Si bien es cierto que el estándar de la cinematografía, técnicamente hablando, ya estaba definido; fue Alfred Hitchcock el primer gran modelo que trastoca la estética visual y percepción psicológica dentro del celuloide. Luego de arribar a Hollywood tras una experimentada carrera en su natal Inglaterra; Hitchcock dio rienda suelta a una de las trayectorias más prolíferas jamás vistas. Por sobre todo, trazando íntegramente un nuevo uso de angulaciones de cámara y técnicas del color.

En primer término, tenemos sus afamadas angulaciones: contrapicados, picados y cenitales. Estos eran empleados, como debe hacerse siempre, para generar en una situación puntual, una sensación determinada. Dicho de otra forma, estos usos de planos y angulaciones eran cabalmente proporcionales al contexto; bajo el cual se encontraban introducidos los personajes e historia. Podemos incluir dentro de esta gama, sensaciones en contraste como angustia o grandeza. El gran ejemplo de estos usos lo tenemos en ‘Psicosis’ (1960).

El uso del color como generador de percepciones requiere de conocimientos de psicología humana. compártelo con tus amigos

En segundo lugar, la innovadora técnica del uso del color como generador de percepciones psicológicas. Al ser este un renglón más exquisito que el anterior, se requería de conocimientos de psicología humana. Además, una paleta de colores que se asemejara a la sensación particular que genera en el subconsciente. Se puede señalar la aplicación de filtros, e incluso la vestimenta de personajes en torno a su personalidad. El modelo perfecto de esta aplicación en su filmografía es ‘Vértigo’ (1958).

Perfección y simbología plasmada en el séptimo arte

Nacido en Nueva York y formado desde sus inicios como fotógrafo, llega a la escena cinematográfica Stanley Kubrick (en paralelo a Hitckchock). Luego de trabajar como fotógrafo para la revista Look, Kubrick decidió despegar en su carrera artística y perfilarse como cineasta a tiempo completo. Al hablar de Kubrick, la primera idea que aparece en la mente es la perfección absoluta a nivel de planos. Además del famoso control total que ejercía sobre sus producciones, plasmando completamente su perspectiva.

Acerca de la visual cinematográfica Kubrickiana, podrían escribirse varios artículos y no terminar aún. Stanley diseñaba sistemáticamente la estructura fotográfica de sus películas. Sobre todo, hacía recalcar el punto de fuga central, lo que forjaba planos totalmente simétricos y con una carga de profundidad enorme. Todo ello, unido al manejo del steadycam, concibiendo así una sensación de cierto descoloque mental para los que observamos su filmografía; quizás, con mayor ahínco desde 2001: A Space Odyssey (1968) hasta Eyes Wide Shut (1999).

Kubrick diseñaba la fotografía de sus películas recalcando punto de fuga, simetría y profundidad. quiero twittear ahora

En relación a su simbología, coadyuvaba con sus fabricadas escenas para hacer de ejercicio mental y sentar mensajes clandestinos a simple vista. No podemos saber el porqué de esto, sólo hacer conjeturas al respecto. Lo único comprobado de este polémico punto es que van desde símbolos en paredes a objetos en plena composición de tomas; lo que adquiere un aire psicológico. Ejemplo de ello lo tenemos muy marcado en films como The Shining (1980) y la ya mencionada Eyes Wide Shut.

Manipulando la gloria con el steadycam

Ahora bien, existe un antes y un después en la historia del séptimo arte; tras la creación de, quizás, el accesorio cinematográfico más popular: el steadycam. Construido por Garrett Brown en 1976, este artefacto y su creador tocaron las mieles del éxito ese mismo año. Esto con la mundialmente famosa Rocky (1976, John G. Avildsen). En particular, las escenas de Rocky Balboa entrenando duramente por la ciudad de Philadelphia y las clásicas subidas a través de las escaleras.

Tal vez, el uso más popular del artefacto, especialmente, en la muestra de planos subjetivos se vio en The Shining (1980, Stanley Kubrick). Un impresionante manejo de Brown durante las escenas del laberinto de árboles. El pequeño Dani recorriendo con su triciclo al espeluznante hotel Overlock. Secuencias que supusieron una innovadora forma de realizar acompañamientos de cámara al hombro con los personajes en cuestión. Sin duda, este elemento ha facilitado mucho la realización de tomas en movimiento.

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Finalmente, Garrett Brown recibió el honor que tanto merecía desde la concepción del steadycam. En 1979 la academia le entrega el Oscar por su invención, además de su enorme aporte al cine y la transformación visual cinematográfica. Así pues, representó en su momento uno de los momentos más supremos del cine; debido al impacto que generó desde su creación hasta nuestros tiempos. Es un artefacto totalmente indispensable en cualquier producción cinematográfica, por la gran ayuda que representa para los camarógrafos y directores.

Montajes de antaño arruinados por la generación MTV

Bien, se suele dejar de lado (incluso a propósito) uno de los procesos más significativos en la creación de largometrajes: el montaje. Sin este aspecto tan importante, un sinfín de errores se desembocarían tras la realización de un film. Jamás podríamos obtener siquiera una unión modesta de tomas. Ni hablar del aspecto psicológico y perceptivo que existe entre el espectador y el juego que recrea el montaje cinematográfico.

Los realizadores de la generación MTV penaron con un anonimato más que ganado. twittear

Así, a raíz de la denominada generación MTV (nombre dado por el auge del canal televisivo) desde finales de los años 90; el montaje adquirió otra tónica, y no precisamente para bien. Es decir, se hizo un uso acelerado, sucio y de baja calidad para generar en el público efectos de rapidez. Sensación que encubría dentro de sí, planos mal elaborados y el abuso del efecto vértigo; tan magistralmente realizado por Alfred Hitchcock desde fines de la década del 50.

Irreversiblemente, es una manera de realizar cine que, por el bien de la industria, no cogió mayores proporciones. Más allá de metrajes hechos específicamente para adolescentes, o personas que no buscaban dentro de la mirada un punto de calidad considerable. Más aún, a sabiendas que la gran mayoría de los realizadores de este tipo de cine jamás consiguieron un alto estatus dentro de la industria. Por el contrario, penaron con un anonimato más que ganado con sobrados méritos.

Pero no todo está perdido

Finalmente, y tras todo lo manifestado anteriormente, podríamos devastarnos mentalmente ante una perspectiva para nada alentadora. Al contrario, he de mostrar a dos cineastas que, desde hace más de dos décadas, han marcado hito en la industria. Porque al César lo que es del César, existe un punto de quiebre desde la llegada al universo del séptimo arte por parte de David Fincher y Quentin Tarantino.

Fincher, de MTV al Cine

El primero de ellos, nacido en Denver, cuenta con un aval extraordinario, particularmente en el grado visual. Fincher es un caso bastante excepcional de un realizador surgido en la generación MTV; pero que a la postre, deja huella indeleble en nuestras retinas. Inicialmente, conceptuado como director de videoclips musicales para estrellas como Madonna. Rápidamente cambió de aires y su llegada a la cinematografía fue tanto meteórica como brutal. Inclusive, tras haber consumado una tibia versión de Alien.

De hecho, y en particular, tiene en su haber clásico modernos de la historia del sétimo arte. Es el caso de thrillers como Seven (1995) o The Game (1997); demostrando ser un heredero admirable de los máximos exponentes del género. Fincher, sobre todo en los dos últimos films a los que hago especial recuerdo, deja dentro de nosotros una sensación insustituible de malestar. Algo pocas veces logrado por un director, el traspasar la pantalla se convierte en su marca registrada.

Tarantino, tempranera calidad

Por último, qué decir sobre Quentin Tarantino. Quizás, el cineasta de mayor peso en la industria de los últimos treinta años. Gracias a su perseverancia y dedicación autodidacta, alcanzó posicionarse desde su primer largometraje como un realizador a tener en cuenta por un largo rato. Tarantino ha sido el padre de historias tan envolventes a nivel narrativo como fotográfico. Con el perdón de otros films, Pulp Fiction (1994) es el mejor de los últimos treinta años en el cine.

De la misma forma que muchos otros, Tarantino no ha recibido el premio de la academia al mejor director. Un caso peculiar dada su tempranera calidad. Pero poco importa esto a Quentin, quien tiene clásicos tales como la ya nombrada Pulp Fiction o Django Unchained (2012), demostrando su sello único. Sus guiones (de los más atrayentes de la industria) y su refinado y agresivo uso de los planos, han convertido a la violencia cinematográfica en un arte.

Dos cineastas han marcado hito en el cine moderno: David Fincher y Quentin Tarantino. cuéntale a tus seguidores

Con este par de importantes exponentes de una elevada calidad visual cinematográfica de estos tiempos, culmino este análisis sobre uno de los aspectos más importantes, y a la vez, más vilipendiado del cine moderno. Desde MacGuffin Lab. nos placería leer tus comentarios al respecto y, si gustas de la lectura, que compartas con tus amigos y seguidores.